Wednesday, January 21, 2026

Crónicas de una mujer sin filtro (ni estrógeno)

Dicen que la vida empieza a los 50, pero yo sospecho que quien inventó esa frase tenía aire acondicionado central, cero calores y probablemente un metabolismo patrocinado por los dioses.

Mientras tanto, aquí estoy yo: sin útero, sin estrógeno y con un termostato interno que decidió renunciar sin dar preaviso.

 

Cuando te quitan el útero, pero te dejan el drama

La histerectomía completa fue como una reorganización de clóset: sacaron lo que ya no servía, pero al mismo tiempo se llevaron mi señal hormonal.

Desde entonces, vivo en modo “no service”.
Si mis hormonas fueran empleados, Recursos Humanos ya las habría despedido por abandono de puesto.

 

Los calores: mi nuevo cardio

Antes hacía cardio para sudar.

Ahora sudo por existir.

Estoy en una reunión, toda profesional, y de repente siento cómo mi cuerpo se convierte en un horno industrial. Me derrito como si estuviera audicionando para un documental sobre volcanes.
Y claro, sonrío, porque una es educada… pero por dentro estoy pensando:
“Si me abanico más fuerte, salgo volando.”

Dormir tampoco es opción. Entre los calores, la sudoración y la piel que ahora tiene textura de reptil exótico, mi cama parece un safari nocturno.

 

Las 30 libras que llegaron sin invitación

Un día me desperté y tenía 30 libras extra.
No sé quién las pidió.
No sé quién las autorizó.
Pero ahí estaban, cómodas, instaladas, como si hubieran firmado contrato de arrendamiento.

Y claro, una va al ginecólogo buscando respuestas… y sale con más citas médicas, más exámenes y la sensación de que ahora tu cuerpo es un proyecto de investigación financiado por ti misma.


Año nuevo, versión “me rehago porque me da la gana”

Desde el 1 de enero de 2026 decidí que, si mi cuerpo iba a hacer lo que quisiera, yo también.

Así que aquí estoy:

  • Pesas 5 veces por semana, porque si voy a sudar, que sea por algo que me deje brazos de superheroína.
  • Cycling 33 km semanales, porque aparentemente disfruto sufrir en grupo.
  • Visitas médicas, porque ya que estoy invirtiendo, que sea en mí.
  • Un humor renovado, porque si no me río, termino gritando en un supermercado.

 


El renacer sin filtro

La verdad es que esta etapa no es glamorosa.

No es “glow up”.
Es más bien “glow down, sweat up”.

Pero también es una etapa poderosa.
Porque estoy viva.
Estoy fuerte.
Estoy reconstruyéndome.
Y lo estoy haciendo con humor, con sudor y con una determinación que ni mis hormonas en huelga pueden detener.

La vida después de una histerectomía y entrando a los 50 no es el final del cuento.
Es el plot twist.
Y yo, mi amor, soy la protagonista… aunque a veces brille porque estoy sudando.

 


Ensayo: La Influencia de la Inteligencia Artificial en la Educación

  La Influencia de la Inteligencia Artificial en la Educación Introducción La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un concepto futu...